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“El hombre detrás del mito”

(Natalicio de José Gervasio Artigas)

Natalicio de José Gervasio Artigas

Estamos viviendo un tiempo especial, que nos aleja de lo que tradicionalmente hacíamos. La realidad ha cambiado. Vivimos un presente complejo, que nos obliga a replantearnos cada día la forma de enfrentar los problemas, así como los imprevistos que se suceden diariamente.

Sin embargo, es bueno mirar hacia atrás, y ver cómo en otros tiempos se han enfrentado las dificultades, y cómo los hombres han buscado siempre, caminos de salida.

En la época de Artigas, la lucha por la libertad fue lo que les dio fuerzas a los orientales, para unirse y seguir al Caudillo, sin saber lo que vendría después. Artigas fue “conductor y conducido”. Así lo definió el historiador José Pedro Barrán, haciendo referencia a que el pueblo oriental no sólo seguía a su Jefe, sino que el propio pueblo, con su fervor revolucionario, lo alentaba a seguir en la lucha, aún en medio de las mayores dificultades. Artigas, era al mismo tiempo el conducido… “El que es atento a lo que le dicta la gente de su tiempo y por lo tanto refleja su sentir colectivo”, así lo define la historiadora Ana Ribeiro.

Esta idea de Artigas, como “conductor y conducido”, nos interpela a la hora de forjarnos nuestras concepciones históricas, acerca del mito del “héroe creador”. En ese sentido, Barrán expresa que “el protagonismo en ocasiones esenciales, en giros decisivos para la revolución, fue asumido directamente por la sociedad oriental y desde 1813 y sobre todo desde 1815 por su sector mayoritario, las clases bajas”.

Artigas era un hombre de su tiempo, de ideales republicanos. Por ello invocaba para sí el título de “simple ciudadano”. Así lo expresaba en el oficio dirigido a la Junta de Gobierno de Paraguay (7 de Diciembre de 1811) donde hacía referencia a sus paisanos durante el Éxodo: “…cada día miro con admiración sus rasgos de heroicidad y constancia: unos quemando sus casas, otros caminando leguas a pie por falta de auxilios…mujeres ancianas, viejos decrépitos, párvulos inocentes acompañan esta marcha, manifestando todos la mayor energía y resignación en medio de todas las privaciones. Yo llegaré muy breve a mi destino con este pueblo de héroes…”.

Artigas era uno más entre los orientales. El relato histórico, pocas veces baja al héroe de su pedestal, y no nos permite ver al hombre de carne y hueso. Artigas recién se pliega a la revolución a los 46 años de edad. Nació el 19 de Junio de 1764, en el seno de una familia de profundo arraigo español. Sus abuelos paternos vinieron de Zaragoza, y fueron de los primeros pobladores de Montevideo. Tanto su abuelo paterno, como su padre, Don Martín José Artigas, fueron integrantes del Cabildo de Montevideo. El respeto por la institucionalidad lo valoró desde la infancia. Pero también tuvo un espíritu rebelde y fue amante de la libertad. Desde muy joven, abandonó su casa paterna y se internó en la campaña oriental, conviviendo con los gauchos y los indígenas. Poco se sabe de esa época. En los “Apuntes biográficos sobre Don José Artigas”, el General Nicolás de Vedia lo describe así: “Don José Artigas era un muchacho travieso e inquieto y propuesto solo a usar su voluntad; sus padres tenían establecimiento de campaña y de uno de esos desapareció a la edad como de 14 años y ya no paraba en sus estancias, sino una que otra vez, ocultándose a la vista de sus padres. Correr alegremente los campos, changuear y comprar en éstos ganados mayores y caballadas, para irlos a vender a la frontera del Brasil portugués, algunas veces contrabandear cueros secos y siempre haciendo la primera figura entre los muchos compañeros, eran sus entretenimientos habituales”.

En 1797, a los treinta y tres años de edad, y amparándose en una amnistía, para quienes no tenían delito de sangre, ingresó como soldado al Cuerpo de Blandengues, el cual tenía como fin proteger las fronteras. Artigas participó en el control del avance portugués, y fue así que se encontró en aquella frontera, con un afro montevideano, que había sido capturado por los portugueses y reducido a esclavitud. Decidió entonces comprarlo para darle la libertad. Desde entonces Joaquín Lenzina, más conocido como “el Negro Ansina”, acompañó a Artigas durante el resto de su vida, convirtiéndose en su mejor amigo, su camarada de armas y su cronista.

Artigas irrumpe en la vida política a partir de febrero de 1811, desde que desertó del Cuerpo de Blandengues y ofreció sus servicios a la Junta Bonaerense. Se inició así, el período más conocido de su historia, los diez años (1811-1820) de su vida revolucionaria. De los 86 años que vivió, sólo se conocen a fondo esos diez años. Así como hay pocos datos de la etapa previa, también se desconoce en gran parte, los treinta años que vivió en el exilio en Paraguay.

En gran medida, su figura resulta más extraña que la de los “caudillos menores”. La iconografía, ha buscado a tientas su rostro. Los grabados pictóricos reflejan las miradas de diversas generaciones, sobre todo lo que su mítica figura sintetiza para el imaginario colectivo.

El único retrato hecho del anciano caudillo, cuando vivía sus últimos años en Paraguay, data al parecer de 1846, cuando contaba con 82 años. Fue dibujado por Alfred Demersay y litografiado por Sauvegeot. El Artigas de bronce que conocemos, ha sido una creación que responde a la necesidad de tener un héroe como fundador de la Patria. Pero ese héroe no era de bronce, sino un hombre de su tiempo, que luchó por ideales republicanos y por la defensa de los más necesitados. “Los más infelices serán los más privilegiados…” decía en el Reglamento de tierras de 1815.

La historiadora Ana Ribeiro, señala que cuando Artigas comenzó su vida pública, “se trataba de un hombre maduro, experiente, con un fogueo muy importante en el interior , en la gente de campo, muy conocedor de los paisanos que lo rodeaban, un hombre con fuerza física y espiritual, un hombre con convicciones, con una personalidad que imantaba todo a su alrededor…Un hombre vivido, no un hombre de libros, de la gran lectura, pero sí un hombre informado de su tiempo, un hombre práctico, un hacedor…”.

Considero que a Artigas sólo se lo puede comprender en su contexto, en la época en la que le tocó vivir, y es en esa dimensión que adquiere la verdadera grandeza. No podemos mirarlo con el prisma del presente, y sólo reducirlo a los límites de nuestro territorio. “Su accionar desbordaba el mapa del Uruguay actual”, por la sencilla razón que este territorio no existía como país y seguramente era impensable en ese momento. Su proyecto era mucho más amplio. Incluía la unión de las Provincias del Río de la Plata, de la cual nosotros formábamos parte. Pero eso no impide que reivindiquemos a la figura de Artigas como nuestra. Su pensamiento está en las raíces de esta tierra. Aquí nació, y vivió la mayor parte de su vida y su familia formó parte del proceso fundacional de la ciudad de Montevideo. Los Artigas fueron fieles a la autoridad española, de allí que Artigas heredara su respeto por la institucionalidad. Estuvo a las órdenes el Rey. Cuando la revolución lo sorprende, ya era un hombre maduro, y no dudó en unirse a la revolución. Desde el principio, tuvo bien claro cuál era el objeto de la revolución: “la soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada como único objeto de la revolución” (Esta era una de las condiciones que Tomás García de Zúñiga, debía presentar al gobierno de Buenos Aires, 1813).

La historiadora Ana Frega, plantea que “el Artiguismo impulsó la soberanía particular de los pueblos, tanto en lo referente a la unión de los de la Banda Oriental bajo una autoridad común, como a la afirmación de ese derecho de constituirse en provincias para todas las regiones del Virreinato”.

Esta concepción de Artigas, constituía una visión extraña para los hombres de la época que encabezaban la revolución, y que tenían otros propósitos de la misma. Eso lo llevó a enfrentarse con el centralismo porteño y con el autoritarismo de Montevideo. Sus ideas sociales a favor de los más débiles y la defensa del pueblo como depositario de la soberanía, eran vistas como una amenaza para la época. La Democracia se concebía asociada a la idea de “disturbios populares”, y se la consideraba peligrosa para el orden social y político vigente.

Las ideas políticas de Artigas, como lo afirma la historiadora Ana Ribeiro, son producto de un momento de ampliación del mundo político, de “inauguración de la política colectiva”, el de la participación ciudadana. Se deja atrás la condición de súbdito, cuya principal virtud era la de ser fiel al Rey, y surge el CIUDADANO, cuya virtud es ser leal a la propuesta política, que en el caso de Artigas y el Artiguismo es la REPÚBLICA.

Pero además, Artigas proponía la idea de FEDERACIÓN, que suponía la unión de las Provincias en un pie de igualdad. No era una idea inédita propia de Artigas. La idea Federal surge en otros contextos políticos, pero su originalidad estuvo en adaptarla al contexto regional, evitando el centralismo bonaerense. El hecho de luchar por la instauración de una Federación, hizo que Artigas no concibiera a la Provincia Oriental, como un Estado independiente. Su reivindicación por la Democracia, la forma Republicana de gobierno y la conformación de una sociedad, en la cual se tengan en cuenta los intereses de todos los ciudadanos, son tres pilares fundamentales de nuestra Nación.

El país que conformamos hoy se asienta en las bases de los principios de LIBERTAD, REPÚBLICA y DEMOCRACIA que Artigas defendió.

Como en los tiempos de Artigas, hoy nuestra sociedad vive momentos de incertidumbre, pero también de esperanza. Trazando un paralelismo con la imagen de “Conductor y conducido”, podemos afirmar que hoy como ayer, es necesaria la responsabilidad de todos, la conciencia ciudadana y la solidaridad de cada uno de nosotros.

Es necesario que nuestros jóvenes, futuros ciudadanos, tengan presente que así como Artigas fue un hombre de convicciones y luchó por ellas, es fundamental que tengan principios, fe en lo que emprendan y que sean capaces de defender sus convicciones.

En el día de su natalicio, fecha tan especial para nosotros, la mejor forma de honrar la figura de Artigas, es defender sus ideas y sus principios, los cuales permanecen vigentes.

Prof. Mag. Liliana Moleda Sotiru


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